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Es un estado que se caracteriza por fortalecer su diversidad cultural, respetando la libertad de creación y expresión, como garantía para el desarrollo armónico de su población, creando oportunidades de acceso al arte y la cultura como pilares para el desarrollo humano.

Portadores orgullosos de cuatro declaratorias de Patrimonio de la Humanidad (el Centro Histórico de Querétaro, las Misiones de la Sierra Gorda, el Camino Real de Tierra Adentro y los lugares de memoria y tradiciones vivas de los pueblos otomí-chichimecas de Tolimán), la ubicación geográfica e histórica del estado permite el intercambio de experiencias con la región, el país y el mundo.

Lugar de vanguardia en el desarrollo de las diferentes disciplinas artísticas, y en la realización de actividades de interés para todos los sectores de la población, aquí convergen la diversidad, el turismo cultural, la formación y el disfrute de las tradiciones vivas de nuestro México.

Recuperación del bordado antiguo de San Ildefonso Tultepec

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Lengua
Español

Ubicación
País: México
Estado: Querétaro
Municipio: Amealco de Bonfil
Localidad: SAN ILDEFONSO TULTEPEC (CENTRO)

La producción artesanal de textiles se realiza en la localidad de San Ildefonso Tultepec desde hace mucho tiempo, esta tradición se ha transmitido de generación a generación lo cual ha permitido su permanencia, las mujeres que son las que se ocupan de esta actividad aprenden desde niñas y se van incorporando al trabajo familiar de la producción de diversos artículos textiles como manteles, servilletas y ropa que bordan con las técnicas de pepenado o hilván y “lomillo”, cabe resaltar que esta última es realizada por las mujeres de mayor edad debido a que es la técnica más antigua. Para las artesanas esta actividad significa en la actualidad una fuente de ingresos complementaria de su economía familiar y en muchos casos es la principal.

Lugares de memoria y tradiciones vivas de los pueblos ñañha de Tolimán. La Peña de Bernal, guardián de un territorio sagrado

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Lengua
Español

Ubicación
País: México
Estado: Querétaro
Municipio: Querétaro
Localidad: TOTAL DEL MUNICIPIO

El elemento propuesto es un territorio simbólico, entendido como un espacio geográfico que, sin perder sus características naturales topográficas y ecológicas, ha sido marcado por el sello distintivo de la intervención humana, no solamente en el plano de lo visible, sino también y sobre todo en el ámbito de lo simbólico, configurándose así como un territorio construido culturalmente. Como cualquier construcción simbólica, el territorio se construye a partir de expresiones materiales, objetivas o tangibles (en el sentido de perceptibles), que incorporan sentidos, valores o significados que sólo existen en el ámbito de las relaciones interpersonales, subjetivas o ideales (y en ese sentido intangible). Así, la construcción cultural del territorio supone la existencia de una tierra, y con ella de un conjunto de accidentes u objetos que la caracterizan y le dan singularidad, a partir de los cuales los grupos humanos pueden establecer nociones de ubicación, territorialidad, propiedad, pertenencia, límite o frontera, que le permiten definir un territorio y ubicarse en el mismo. Ar hai, se utiliza en ñhañha para referirse indistintamente a la tierra que se cultiva, al terreno que se posee, al territorio o lugar donde se establece un pueblo y a la región donde se encuentran distintos pueblos relacionados entre sí. Se trata entonces del territorio, entendido como el espacio de la reproducción económica, social y cultural de las comunidades otomí chichimecas que ocupan esta parte del semidesierto queretano. Los lugares de memoria de los pueblos otomí chichimecas del semidesierto, constituidos fundamentalmente por los cerros sagrados, los manantiales y las capillas familiares, son resultado de la intervención del ser humano en la naturaleza y forman parte de un territorio simbólico y material, marcado por la presencia de expresiones culturales únicas de los pueblos otomí-chichimecas, que han permanecido vivas y se han ido trasformando, gracias a su capacidad de adaptación y al uso sustentable de los recursos naturales. Este elemento cultural, involucra una serie de atributos que le son propios, tales como los cerros y sitios sagrados, conectados y significados en el ámbito simbólico y territorial mediante rutas de peregrinación; las doscientas sesenta capillas familiares, que incorporan valiosas manifestaciones de la cultura material de aquellos pueblos, incluyendo sus imágenes religiosas, sus pinturas murales, sus ofrendas, así como los calvarios y chimales asociados a dichas capillas; las fiestas y ritos tradicionales, que refrendan la identidad y la memoria comunitarias y que se nutren con singulares expresiones culturales en la danza, la música, la gastronomía, la medicina tradicional y la lengua otomí o ñañha. De esta manera, consideramos que los principales componentes que singularizan y dan relevancia a este elemento cultural son los siguientes: El triángulo simbólico que forman los cerros el Zamorano y el Frontón, en el eje poniente-oriente, y la Peña de Bernal en el vértice sur del territorio aludido, que permiten configurar una geografía sagrada sustentada en el conocimiento y la apropiación simbólica del entorno natural sobre la base de una cosmovisión propia. Las rutas de peregrinación que se dirigen al Frontón y al Zamorano, así como el ascenso de grupos diversos a la peña de Bernal, alrededor de las celebraciones de la Santa Cruz, que ratifican la existencia de un territorio simbólico que sustenta la identidad y la permanencia de los pueblos que se asumen como parte de éste. La prevalencia de un conjunto de fiestas comunitarias que marcan un calendario ritual en el que se ponen de manifiesto las diversas actividades que las comunidades realizan a lo largo del año, de acuerdo con una tradición viva, para rendirle culto a la divinidad, a sus santos y sus antepasados, para propiciar un buen temporal, solicitarles protección y ayuda, y agradecerles por la obtención de sus bendiciones, dones y alimentos. La fusión entre la memoria batalladora, indomable y trashumante de las tribus chichimecas, y la lengua y tradición de los otomíes o ñañha, que constituyen uno de los grupos etnolingüísticos más antiguos y numerosos de mesoamérica, desde la época prehispánica hasta la actualidad. Una expresión cultural de la mayor elocuencia para comprender la singularidad de los pueblos otomí chichimecas es la presencia del chimal , impresionante estructura efímera que, a manera de ofrenda, se levanta en las principales celebraciones comunitarias como emblema de la resistencia y símbolo de vitalidad y pertenencia. La presencia de 258 capillas familiares, llamadas también t’ulo nijö dega södi (iglesitas de rezo o capillas oratorias), que constituyen el espacio ritual en que se expresa la veneración a los antepasados, y en que se estructuran los grupos parentales, por lo que permiten ordenar el espacio urbano y social de estas comunidades. La majestuosidad y la belleza natural del gran monolito de Bernal, impresionante formación geológica que desde tiempos prehispánicos ocupó la atención de los moradores del territorio y que hasta la actualidad representa un lugar de enorme carga simbólica para las comunidades indígenas de sus alrededores, así como inspiración para muchos escritores, artistas, cineastas y naturalistas.

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